| Revelaciones |
Desea Ud. salir del laberinto?
x Mario Sabugo
![]() Moneda cretense |
![]() Parque Chas, Buenos Aires |
![]() Hampton Court |
A Ud., mi amigo, su Laberinto le debe estar resultando un lugar complejo e intrincado, construído artificiosamente con encrucijadas, rodeos y callejuelas, con el propósito de confundirlo y dificultarle la orientación. Todo para que Ud., atrapado en sus zonas erróneas, nunca jamás pueda acertar con la salida.
Apolodoro, Plutarco, Diodoro Sículo, entre tantos otros, narraron la historia del Laberinto por excelencia, que fue diseñado por Dédalo para aprisionar al impresentable vástago de la reina de Creta, el Minotauro. Luego, fue Teseo el Ateniense el que tuvo lo que hay que tener para acabar con el engendro, y para egresar del embrollo, equipado con el hilo rojo de Ariadna.
En cuanto a Ud., allí adentro en su laberinto, ¿ha entrado a buscar algún monstruo, o es a Ud. mismo al que lo andan buscando?
Como argentino, tampoco es tan raro lo suyo. Para Martínez Estrada, toda nuestra propia realidad nacional se asemeja a un laberinto, y su Teseo viene a ser Sarmiento. (1)
Sea como fuere, está Ud. en problemas psicológicos, éticos, socioeconómicos y hasta arquitectónicos, porque su laberinto es un edificio o algo por el estilo.
¿No será que se lo han diseñado justo a su medida?.
Arquitectos de esa tendencia, hay. El finado Dédalo no fue, ni mucho menos, el último devoto de las complejidades y las contradicciones. Sin ir más lejos, Claudio Caveri propone y celebra los trazados laberínticos, como los suyos propios o los de Frank Lloyd Wright. (2)
Pero tenga calma. Estamos científicamente preparados para ayudarlo.
En primer lugar, no todos los laberintos son del mismo tipo. Ud. puede encontrarse en un laberinto clásico, de los que consisten en un camino único, pero tan enrollado como sea necesario para ocultar la salida.
Más difícil le resultará si es que Ud. se aloja en un laberinto manierista. Sabrá que lo es si se ha topado con algunos callejones sin salida. Nuestro consejo es que apoye una mano sobre la pared, (¡siempre la misma,eh!), y nunca la despegue mientras camina en busca de la luz.
Ahora bien, si se ha instalado Ud. en un laberinto manierista "duro", ya no le va a alcanzar el truco de la mano, porque además de callejones sin salida, también hay islas, y puede quedarse dando vueltas interminablemente alrededor de una de ellas. En ese caso, mi amigo, tendrá que ser aún más fuerte y valeroso, y aplicar a rajatabla las cuatro reglas de Tremaux: (3)
No siga el mismo camino dos veces.
Si llega a un cruce nuevo, no importa que camino siga.
Si un camino nuevo lo lleva a un cruce viejo, o a un callejón sin salida, retroceda hasta la entrada del camino.
Si un camino viejo lo lleva a un cruce viejo, tome un camino nuevo, y si no lo hay, tome cualquiera.
¿Ha salido Ud. ya de su laberinto?. ¿No?
Entonces, nos vemos obligados a comunicarle que, probablemente, Ud. se las ve con el peor de todos, el laberinto "rizomático", a la Deleuze & Guattari, sin ley ni método que valgan. Eso sí, contemporáneo. Porque nuestra época, dice Umberto Eco, es proclive a este tipo de laberintos en los que todo tiene que ver con todo, inestables, enredados, y tan conjeturales que hasta pueden confundirse con su exterior. Culpa de la mentalidad moderna que, ya desde el Renacimiento, se dejó infiltrar por los agentes de la magia y el ocultismo. (4)
El suyo no parece tampoco un laberinto prestigioso. Ni el de Creta, ni el desenfrenado palacio egipcio de las 3000 habitaciones que sorprendió a Herodoto frente al lago de Cocodrilópolis. Tampoco la biblioteca del Nombre de la Rosa ni el camino peregrino en las losas de Chartres. Mucho menos se pasea Ud. por los enrevesados jardines de Hampton Court.
Fíjese bien si hay carteles con los nombres de las calles, y si dicen "Bauness", "Ginebra" o "Andonaegui". Porque acá en el equipo de rescate ya estamos maliciando que Ud. se ha quedado en medio del barrio porteño de Parque Chas.
No se desespere, no hay mal que dure cien años. Ya lo dijo Leopoldo Marechal: "De todo laberinto se sale por arriba." (5)
Chartres
Knossos (de arriba hacia abajo)Notas
1: "...por la sucesiva superposición y yuxtaposición de factores que se acoplan y engendran entre sí monstruos y laberintos... entre los muchos advocativos que se le han aplicado a Sarmiento no he leído en ninguna parte el de Teseo, que es el que cabalmente le conviene". Ezequiel Martínez Estrada, "Sarmiento", Sudamericana, Buenos Aires, 1969.
2: Claudio Caveri: "Realismo mágico y ficción en nuestra arquitectura", capítulo 1. CP67, Bs. As. 1987.
3: Véanse: Walter Sheperd: "Big Book of Mazes and Labyrinths", Dover, New York, 1973. Diego Uribe: "Laberintos", Nuestra Arquitectura No. 516, Buenos Aires, 1981.
4: Umberto Eco: "La Línea y el Laberinto: las estructuras del pensamiento latino". Vuelta No. 9, Abril de 1987. También: "Los límites de la interpretación", Lumen, Bs. As. 1992.
5: Marechal, Leopoldo: "Laberinto de Amor", Sur, Buenos Aires, 1944.