| Arquitectura |
Polémicas en la era del star-system
x Fernando Diez
Cuatro fueron los principales protagonistas de la escasa polémica que se permitió una mayoría concentrada en la exhibición de su propias obras.
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El medio de promoción y difusión de la arquitectura que en los EEUU se ha dado en llamar el Star System, exige de las estrellas (los arquitectos) que tengan perfiles definidos. Un estilo, una marca distintiva que recorre todas sus obras sin dejar lugar a dudas sobre quién es su autor. Eso servirá para difundirla, y lateralmente, también para orientar a los jurados de los concursos internacionales, aunque a veces caigan atrapados en las redes de los buenos imitadores.
El star-system, está así compuesto por el sistema de amplificación de las muestras internacionales y las publicaciones globales. Esta última es una nueva raza de libro-revista de extraordinaria calidad gráfica ideado para ser vendido en todo el mundo, de los que la publicación japonesa GA es sin duda precursora y modelo. Allí se decide en buena medida la fama de un arquitecto, y por lo tanto la lista de sus futuros encargos. Este sistema logró hacer más conocidas entre los estudiantes, pequeñas obras como la casa que Frank Gehry se construyó para sí mismo, o incluso las que Peter Eisenman diseño como puros inventos especulativos, tanto como las grandes obras de la antigüedad clásica, el renacimiento italiano, e incluso las de los maestros del Movimiento Moderno.
Pero para ingresar al star-system es necesaria cierta constancia, una presencia asidua en los "medios", y sobre todo una constancia lingüística. Una constancia formal y estilística que permitirá que las obras sean de inconfundible filiación.
Algunos habrán buscado este camino desesperadamente, otros lo habrán hallado sin buscarlo como parece el caso de Mario Botta, cuyas obras son siempre ...bottianas.
Una Bienal, y ahora más que nunca la de Buenos Aires, consagrada como "la" Bienal de Arquitectura, estos temas están más que presentes, flotando en la distendida atmósfera de la sala donde cada uno hace su show.
En el ámbito festivo en que todos se apuraban por mostrar (a veces hasta el cansancio) sus obras, más que en evaluar y mucho menos criticar las de los demás, sólo las intervenciones de César Pelli, Jean Baudrillard, Oriol Bohigas y Leon Krier tuvieron un tono realmente crítico.
Dos intervenciones polémicas tensaron de pronto el ámbito del Teatro Coliseo, y apuntaron precisamente a cuestionar este estado de cosas con argumentos contextualistas, vinculando la arquitectura a su contexto y la ciudad. Cuestionamientos serios y polémicos sobre el estado actual de la disciplina. Serios por quiénes los realizaron, y polémicos porque rebasaron el ámbito de las generalidades para aludir (involuntariamente en un caso) y directa y hasta agresivamente en el otro, a algunos de los expositores presentes.
César Pelli, luego de mostrar sus grandes obras (ninguna de menos de 30.000 m²) esparcidas por todo el mundo, (aeropuerto en Washington, hotel en Tokyo, torres en Malasia... oficinas en Buenos Aires) hizo una reflexión en la que justificó el tono divergente de los edificios, sus diferentes estilos y sistemas constructivos como una función de la adecuación al contexto y a las circunstancias. Fue entonces cuando dijo que el creía que un arquitecto puede ser intelectualmente coherente o formalmente coherente, no las dos cosas al mismo tiempo, y que lo primero era necesario para que los edificios variasen en su forma adecuándose a las condiciones del contexto. La aseveración sonó a crítica y a polémica para el auditorio, porque Pelli venía a hablar precisamente después de Mario Botta, quien había mostrado una consistencia formal tan impresionante entre programas y emplazamientos tan diversos como el Museo de Arte de San Francisco y la Catedral y Municipio d'Evry. La cosa fue más allá, y terminó semanas después en una carta que Pelli remitió a Luis Grossman a raíz de una nota periodística. Allí Pelli aclara que no pretendía aludir a Botta sino más bien fundamentar su propia actitud, y que lamentaba que la sucesión temporal entre uno y otro hubiera creado tal sensación.Quienes conocen su discurso, esperaban que sería Leon Krier el primero en criticar la arquitectura moderna y su efecto sobre la ciudad. Pero Oriol Bohigas (que lo precedía en el programa) se le adelantó releyendo el discurso que había preparado con anterioridad para su investidura de doctor Honoris Causa por la Universidad Menéndez y Pelayo. Allí dijo:
"La realidad de la arquitectura hoy, en todo el mundo, presenta un panorama catastrófico, escalofriante, seguramente como nunca había ocurrido a lo largo de toda la historia"..." les propongo que paseen por cualquier ciudad del mundo... si encuentran un 5% de arquitectura moderna medianamente correcta, habrán logrado un gran éxito. Estarán Uds. en una ciudad excepcional. Será todavía más difícil que alcancen ese porcentaje si visitan las degradaciones periféricas... "
No sólo la abierta crítica de Bohigas iba en contra de la arquitectura moderna sino que su discurso era también un reconocimiento de la capacidad del sistema de producción de la arquitectura en el período precedente:
"...hay que reconocer que en la larga tradición histórica de la arquitectura y el urbanismo este fenómeno no había ocurrido de una manera tan aplastante. Me atrevería a decir que no ocurrió hasta pasados los años 30 de este siglo. Ya no me refiero a los grandes conjuntos monumentales -cuya presencia es más potente en nuestras ciudades que en toda la algarabía de lo moderno-, sino en la arquitectura más modesta...
"...esa anónima arquitectura urbana que usa tipologías muy bien asentadas ...¿Porqué al pasearnos por los viejos barrios -incluso los ensanches del siglo XIX-... no encontramos ningún disparate arquitectónico si no es una intervención pretenciosa de última hora? ¿Porqué en cambio en las periferias modernas de estas mismas ciudades no sólo encontramos la desolación de un pésimo urbanismo, sino la degradación de una horrible arquitectura?"
Aquí la cosa ya estaba caldeada, porque era evidente la corresponsabilidad de, al menos, las generaciones más veteranas de los arquitectos presentes.
"Lo curioso es que estos paupérrimos resultados se han justificado hipócritamente en los planteos utópicos de los arquitectos y urbanistas de las vanguardias que habían planteado... la desurbanización, la construcción en serie, la repetición de un modelo único, la zonificación de funciones, la prioridad de las condiciones intrínsecas del edificio..."
Indagando en las causas de porqué "los arquitectos de hoy en día son tan deficientes", aludió a la falta de especialización, a la pérdida de las bases éticas de la profesión y de modelos de los referencia.
"Pero no todo es culpa de la falta de modelos académicos... muchas veces la mala arquitectura interpreta a su manera los precarios modelos que le ofrece la "buena" arquitectura. Es decir que el 95% de arquitectos se ven influidos por la arquitectura de aquella élite del 5%. Y hay que reconocer que esa arquitectura de élite -al margen de su calidad objetiva- no es ni mucho menos modélica. Es una arquitectura a veces genial, pero siempre desballestada, autónoma, insolidaria, incapaz de ofrecer solucione viables a la arquitectura de segunda línea."
Cuando terminó su discurso leído, aún para quienes coincidíamos con lo expuesto, ya nos parecía suficiente. Pero Bohigas improvisó un segundo discurso, que dudosamente podía ser continuación del anterior; y del que Enrique Norten resultó la principal víctima, acusado incluso de falta de ética, de despilfarrar en países carenciados. No escaparon a su crítica Skidmore Owings and Merrill (quizá para el star-system el mayor pecador sea un estudio que es una organización sin estrellas) que sin embargo había mostrado obras solventes, prudentes; ni tampoco el mexicano Teodoro González de León. Visiblemente apasionado, Bohigas se tomó su tiempo para insistir sobre el mismo punto, y cuando parecía que estaba por terminar, comenzó a mostrar sus propias obras con la misma displicencia por el tiempo del siguiente orador, con que habían procedido casi todos los latinos. Lo que sorprendió es que comenzó mostrando el pabellón para la feria de Sevilla, una obra vulnerable, de un lujo tecnológico superfluo, al menos en los ojos de un público recién arengado sobre la sobriedad y la mesura.
Después habló León Krier, ante un público diezmado por la extensión del discurso de Bohigas. En un tono calmo hizo una crítica a la ciudad moderna y al modernismo en general, quizá similar a la de Bohigas, pero con diagnósticos más precisos. Allí aparecieron la casa unifamiliar suburbana y el rascacielos como los átomos de la degradación de la ciudad, como opuestos complementarios de una ciudad sin espacios públicos ni densidades medias. Otra vez aquí la referencia es la tradición, y Krier propone que se construyan distritos urbanos exclusivamente tradicionales. O ciudades, y muestra la extensión de Poundbury que está realizando en los terrenos del Príncipe Carlos de Inglaterra, y la reurbanizacción de la zona industrial de Novoli en un plan urbano para el Municipio de Florencia. Allí expone los principios de la ciudad tradicional, y la manera de unificar los edificios aislados en manzanas que den forma a los espacios urbanos de la nueva ciudad.La noche terminó tarde, pero a la mañana siguiente continuaba el segundo acto de la misma obra, cuando Enrique Norten realizaba su descargo en la mesa redonda que compartía con Louise Mereles, Luis Grossman y Roberto Converti. Comenzó por decir que el edificio acusado pertenecía a una televisora privada, y que por lo tanto podía hacer uso de su dinero a su gusto, para terminar denostando el hotel que el estudio de Bohigas había construido en México para una cadena multinacional "destruyendo el paisaje". Como percibiendo una "suficiencia europea" frente al sermón de Bohigas, los latinoamericanos cerraron filas en torno a Norten, incluso quienes poco gustaban de su obra. Más aún la mexicana Louise Mereles, que se preguntó cómo Bohigas se atrevía a leernos un discurso de segunda mano.
Superado el entredicho por la ausencia de Bohigas (no asistió a la mesa matinal eludiendo una posible silbatina) y la partida de Norten, terminaron las polémicas de la VI Bienal de Arquitectura.
La cosa había sido anticipada en la aseveración del peruano Mario Lara en la mesa del primer día, cuando dijo que cualquier ciudad tradicional demostraba ser todavía hoy infinitamente superior a la ciudad que en este momento somos capaces de producir. Desde distintos ángulos la polémica se centró en la capacidad de la arquitectura, no para producir más novedosos o más extraordinarios objetos, sino para producir cosas útiles a la sociedad y para reunirlos coherententemente con su contexto. En nuestra capacidad para producir, no ya ciudades mejores, sino al menos tan buenas como las que hacíamos hace tan sólo 60 años.