| Ciudad y Ecología |
Metrópolis
inestables
x
Ramón Folch
El tema que pretendemos abordar hoy tiene que ver con el fenómeno de la concentración urbana más allá de toda medida que se viene produciendo en la última mitad del siglo en muchos lugares del mundo. Lo que vamos a tratar de hacer esta noche es un ejercicio de imaginación, que es todo lo contrario de un ejercicio de fantasía, aunque demasiado a menudo se confundan los dos términos.
Es muy difícil alumbrar nuevas soluciones, seguir en el camino del progreso, si no es removiendo las condiciones presentes. La reiteración de los conocimientos, aún los más acreditados, conduce a la conservación de los conocimientos adquiridos, pero no al nacimiento de los nuevos, y mucho menos a la solución de los vicios consolidados. En este sentido el cuerpo académico tiene una paradójica misión, puesto que por un lado se le pide que actúe de conservador del bagaje cultural, y por el otro se le pide, o debiera perdírsele, que actúe de subvertidor de ese mismo bagaje cultural, lo cual no quiere decir que actúe de destructor del pasado, pero sí de potenciador hacia el futuro.
Debemos por lo tanto luchar contra la fantasía irresponsable de quienes creen que el futuro se construye reiterando el pasado.
Concepto de ciudad
Contrariamente a la percepción corriente, una ciudad no puede ser definida en términos meramente arquitectónicos, ni siquiera puede serlo en términos exclusivamente urbanísticos. De hecho sólo puede ser comprendida en términos sistémicos. Un sistema que se encarna en una anatomía y que tiene una fisiología, es decir unas formas de funcionamiento, pero que está sujeto a la teoría de los sistemas. Hay una propia lógica interna del sistema que puede más o menos orientarse pero que no puede determinarse en forma completa.
Justamente esa es la razón por la que nos está yendo tan inquietantemente mal. Porque hemos olvidado ese carácter sistémico y hemos constatado, tarde, que a partir de cierto punto este sistema se independizaba completamente fuera de todo control. Si les pregunto quién es el intendente y concejo municipal de Salta, probablemente podrán responder con toda exactitud. Pero si les pregunto quién es el intendente de Lima, por encima de la respuesta formal, no creo que podamos dar con una respuesta real. Porque la verdadera capacidad del gobierno de esa realidad urbana está muy mermada por el elevado grado de independización con que se desenvuelve el sistema.
Recurriendo a una terminología clásica, una ciudad es el resultado de construir sobre una determinada matriz ambiental una anatomía arquitectónica dotada de una fisiología civil y acaba en lo que es un urbanismo ecosistémico. Podríamos, recurriendo al griego y al latín, decir que la matriz ambiental es el oikos (casa en griego, de donde viene el término ecología), que se expresa a través de una arquitectura determinada; la urbs, la ciudad construida, al servicio de una fisiología civil que es la civitas, los ciudadanos. Por lo tanto una ciudad es mucho más que una urbe. Uno de los problemas que afrontamos es que los recursos técnicos de la sociedad industrial confirieron una enorme preponderancia al concepto de urbs en detrimento del de oikos e incluso del de civitas. Perdimos de vista que antes que cualquier cosa la ciudad es una civitas dotada de los artificios de la urbs, que está a su vez está condicionada por las características del oikos donde se construye la ciudad.Por otro lado, la ciudad no es en absoluto un sistema cerrado. Es un sistema abierto donde se producen una enorme cantidad de intercambios. Una ciudad está importando permanentemente recursos, naturales y de todo tipo, de una amplísima periferia y a la vez exportando una gran cantidad de productos, algunos en forma inconsciente, como las emisiones a la atmósfera, y también en forma deliberada e inventariada como son sus productos manufacturados. Una parte importante de nuestros problemas es que perdimos la noción de que una ciudad trasciende sus aspectos urbanísticos, y por otro lado es imposible entender la ciudad desvinculada de su hinterland.
De la verdadera ciudad a la nueva aglomeración
El más trágico de los desequilibrios producto de este olvido es precisamente el crecimiento desaforado, por encima de toda lógica, de las concentraciones urbanas. La población mundial, como es sabido, esta creciendo de manera exagerada, pero las ciudades crecen a tasas todavía por encima, y las que más crecen son además las más grandes. Las diez mayores ciudades del mundo en 1920 tenían entre cinco y un millón de habitantes aproximadamente. La décima ciudad tenía algo más de un millón trescientos mil habitantes y con eso le bastaba para colocarse en esa posición. Piensen en cuantas ciudades de ese tamaño hay hoy.
En el año 2000, prácticamente ya mismo, la mayor ciudad del mundo será Ciudad de México, con 31 millones de habitantes, que ni siquiera figuraba entre las diez primeras en 1960. La tragedia es que la mayoría de estas ciudades, excepto Nueva York y Tokio, están en el Tercer Mundo. Estas ciudades no son grandes ciudades, en realidad sólo son ciudades grandes. En ello hay una gran diferencia, son urbs enormes, pero civitas pequeñas y endebles.
Por eso son ciudades poco sostenibles, con niveles de delincuencia, marginalidad, insatisfacción y salud catastróficos.
En términos de densidad urbana, Barcelona, de donde provengo, tiene una alta densidad: 16.000 hab./km², pero sube hasta 36.000 en la zona céntrica. Esa densidad es insoportable si se la compara con ciudades como Canberra con apenas 4.000 hab/km², pero es pequeña comparada con el tipo estándar de megalópolis como Hong Kong, cuyo centro tiene una densidad de 228.000 hab/km². Esta densidad no tiene nada que ver con la posibilidad de una gestión sensata. Esto sería una desgracia aislada si ocurriera sólo en algunos sitios, pero está ocurriendo con el 65% de la población mundial.Transporte irracional
Si queremos resolver los problemas del tránsito debemos observar que un metro, o tren subterráneo, equivale (por la cantidad de personas que transporta) a 12 autobuses y éstos a 36 minibuses, los que a su vez equivalen a 1440 automóviles. A fines de siglo XX el problema es decidir si hemos de meter todos estos autos, como sea, en un espacio estrecho o tratar de transportar estas personas por cualquiera de los dos medios anteriores. No trenes decrépitos como pueden encontrar en muchas partes del mundo, incómodos y sin puntualidad. Imagínense por lo menos trenes tan agradables y cómodos como el mejor de los autos que pueden comprar, pues la misma tecnología que se aplica a un automóvil se puede aplicar a construir un tren, y de hecho se hace.
Si invirtiéramos todos nuestros esfuerzos en la primera alternativa descubriríamos: a) que actualmente lo resolvemos mal, b) que costará una fortuna hacerlo, y c) que no podremos controlar un tercer factor.
Las concentraciones de monóxido de carbono medidas en 15 ciudades del mundo, están por encima de los 10 mlgr/m³, nivel por sobre el que el aire se hace peligroso para el ser humano. Entre los años 80 y 84 todas las grandes ciudades tienen su media por encima de ese nivel: Vancouver, Toronto, Chicago, Nueva York, Los Angeles, San Pablo, París... Esto significa que los habitantes de estas ciudades viven en un ambiente venenoso. Preferimos no acabar de reconocerlo o bien recurrimos a artificios expresivos diciendo que esa es la media, pero que la mayor parte del día esta por debajo.
Excuso decir que esa contaminación proviene básicamente de la combustión de los motores de los automóviles. Así que nos encontramos con un exceso de vehículos a los que hemos dedicado buena parte de nuestra capacidad adquisitiva, que no nos llevan a ninguna parte pues no podemos circular con ellos, y para la solución de cuyo problema invertimos dinero público.La reflexión del concepto de sustentabilidad urbana, aunque algunos movimientos marginales traten de secuestrar el concepto negando los logros de la sociedad industrial, nos impone una actitud convergente con el espíritu del más avanzado rigor científico y tecnológico de la civilización industrial que es el de tratar de encontrar soluciones a los problemas reales. No abordar los problemas reales no es una forma progresiva de resolverlos, sino una forma criminal de ocultarlos.
Quienes tienen responsabilidades científicas y técnicas, quienes pertenecen a la academia de una forma responsable, tienen la obligación de decirlo a pesar que ello levante ampollas en determinados sectores.
Si no lo dicen se cubrirán de ridículo, porque si a alguien se le pedirán responsabilidades en la conducción del pensamiento dentro de 20 o 30 años, será a aquellos que tenían como obligación pensar. Por eso poner de relieve estas cuestiones es un acto de responsabilidad científica al servicio de la sustentabilidad social.Deshechos abundantes
La producción de residuos sólidos urbanos (para una ciudad cualquiera de España), ha pasado de 192 Kg/hab en el año 1972 a 347 Kg/hab y por año en 1988. Actualmente ya sitúa por encima de los 370 Kg/hab y año. Si esto es un índice de progreso, es un índice muy triste. Cuando hablamos de ciudades sustentables, el progreso en términos de residuos sería que en vez de producir 192 kilos, produjera 100 kilos o menos. Ustedes me dirán que esos habitantes alcanzaron un consumo alto de productos envasados. Efectivamente esa es la explicación, pero también ese el problema.
La ciudad de Viena ha puesto en práctica una normativa enormemente ingeniosa: todo mundo es propietario de lo que fabrica, por lo tanto los ciudadanos de Viena pueden devolver el envase usado a su fabricante por ley. Naturalmente que como no están dispuestos a llevarlos a la fábrica, el fabricante pasa a retirarlo por su casa. Han descubierto algo tan simple como esto: el ayuntamiento recoge los residuos de los ciudadanos pero no los envases comerciales utilizados por las industrias. Si la industria considera que el cliente se sentirá mejor atendido por el hecho de presentar sus productos bajo este envoltorio, está en su derecho, pero eso tiene un costo que tiene que internalizar en el precio del producto.
Hay dos mensajes aquí: no es sustentable que en veinte años se doblen la cantidad de residuos que se producen y hay mecanismos basados en la normativa gubernamental que pueden contribuir a la solución de estos problemas. Esa solución adoptada por el gobierno de Viena es un pequeño ejercicio de imaginación para cambiar la fantasía que supone pensar que todo irá bien si en 20 años más en lugar de 347 kilos, un vienés produce, digamos, 1000 kilos de basura por habitante y año.Los caminos de la sustentabilidad
Nuestro modelo de vida ha querido encontrar pautas de significancia social en algunas locuras que probablemente harán matar de risa a nuestros descendientes. Por ejemplo vivir en un sitio, trabajar muy lejos de ese sitio, llevar los niños a un tercer lugar también alejado y hacerlo en el menos eficiente, más costoso y lento de los sistemas de transporte. Eso no resiste ningún análisis.Mi reflexión tiene la contundencia a que me autoriza la trayectoria de la civilización occidental en los últimos 150 años. La distancia entre nuestra forma de vida, entre nuestros implementos tecnológicos y nuestra capacidad de transformación de la realidad como resultado de haber ejercido el poder de la imaginación entre el presente y la situación de tan sólo hace 50 años atrás es enorme. Aunque sólo sea evocando esta evidencia, ¿No puedo sostener que en los próximos 25 años vamos a ser capaces de hacer algo, tan notable al menos, como lo que hicimos en los últimos 25 años? ¿Tan débil es nuestra confianza en el progreso?, y si lo es, entonces ¿Por qué confiar en ese mismo progreso?
Podemos responder positivamente a estos retos si no seguimos considerando como visionarios a los que son auténticos realistas, y si por el contrario, retiramos de una vez por todas la confianza a quienes perpetúan la mala solución de la fantasía insensata.
Ramón Folch es doctor en biología, especialista en cuestiones de medio ambiente y ecología.
De la conferencia "Ambiente y sustentabilidad en las grandes metrópolis" ofrecida en la delegación de las Naciones Unidas en Buenos Aires en Noviembre de 1995, con el auspicio de FLACAM, Facultad Latinoamericana de Ciencias Ambientales, la Embajada de España y Gas Natural BAN.