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Composiciones
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Cayetana Mercé.
Con el espíritu de Horacio Ravazzani, dos casas de piedra son la combinación de formas, espacios y materiales que tienen por referente al carácter del lugar y al espectacular paisaje que las circunda.
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El manejo de nuestro conocimiento no siempre es consciente. Muchas veces lo hacemos intuitivamente y nuestra mente elabora procesos donde "mágicamente" los datos de nuestra memoria se reordenan en función de una necesidad disparadora de nuevas ideas creativas. Este proceso, en la mente de un arquitecto, se inicia casi inmediatamente con el pedido del cliente de comenzar un nuevo proyecto. Imágenes, necesidades, lugares conocidos o no conocidos, soluciones de otros proyectistas, búsquedas personales y las propias vivencias se mezclan, se arman y desarman, pugnan por salir y tomar forma frente a la hoja en blanco o a la pantalla que esperan las primeras líneas del que será el proyecto definitivo. Luego de este primer "caos", el arquitecto reordena sus ideas dentro de un marco conceptual para la toma final de decisiones. Aunque este orden no sea concluyente al generar arquitectura, cuando constituye el centro de un proyecto se obtiene un resultado evidente en la solución final.
Una gran ventaja para quien tiene que proyectar es ser amigo del lugar, conocerlo y qué mejor que llevarlo en la sangre. Percibir su carácter es tambien comprender a quienes lo eligen como lugar para construir su casa: emplazada en un terreno en el paisaje, se buscará poder encontrarlo en cada recorrido que se hace dentro de ella. No sólo con grandes ventanales se consigue este objetivo; la búsqueda está en capturar el clima, recrear en cada espacio interior y exterior las sensaciones que ese lugar provoca y recuperar el espacio que la casa misma ocupa.
Personales, contextuales y con partidos con claras organizaciones compositivas son estas casas en Punta del Este: La Pirca y la Rocosa, ambas construidas por el arquitecto Horaco Ravazzani, quien vive y trabaja desde siempre en este lugar del Uruguay. Su sello es el hábil uso de los materiales extraídos de la propia naturaleza, como la piedra y la madera. Las piedras hacen los muros sólidos y portantes y se combinan con el ladrillo y las losas de hormigón. La madera se usa para aquellos elementos que, a pesar de la rusticidad del material, conforman los estudiados detalles y demuestran la necesidad del autor de encontrar una solución propia y diferente a las tradicionales. Son las barandas, los dinteles, los escalones, las pérgolas, las carpinterías de vidrio repartido y la unión entre vidrios sin carpintería que como en La Rocosa, Ravazzani resuelve con gruesos parantes de madera que cosen las aristas de estos verdaderos "miradores al paisaje".
Estas partes que parecieran constituir el lenguaje personal del arquitecto son variantes preexistentes en otras obras suyas. Aunque la situación cambia en la composición que responde a leyes propias de cada situación particular.
La Rocosa se relaciona con un tipo establecido: el de la casa de campo. Constituida por dos espacios unidos por un hall de vidrio transparente, "el lugar" de la casa que resuelve la necesidad de capturar la belleza exterior es una gran galería de 120m² que cubre todo el frente y es el espacio intermedio entre el interior y los alrededores montañosos. En la Pirca, en cambio, hay un gran volumen principal compacto y doblemente orientado desde el que se divisa el mar. En ambas el resultado desde el exterior es similar, la lectura es de una forma dominante, simple y simétrica.
En la Pirca la tensión de estar implantada en un lote entre medianeras se resuelve por dos cuerpos laterales bajos que separan el volumen principal de las casas vecinas acercándolo a lo que sería una casa exenta. El peso de este gran cuerpo de piedra se equilibra por la misma superficie vacía que en la parte posterior del lote ocupa un deck donde está la piscina. La simetría, como regla sintáctica, se respeta hasta en la circulación. En La Rocosa, dos volúmenes -dos escaleras- y en la Pirca, un volumen -una escalera-, ubicadas simétricamente dentro de estos cuerpos principales. Otras, secundarias, permiten en acceder a niveles intermedios que son los espacios exteriores y aterrazados.El éxito de estas propuestas parecieran estar en su imagen casi "artesanal" apropiada para el lugar, aunque más allá del acierto del arquitecto al captar el carácter de la naturaleza agreste, está la búsqueda tipológica para el tratamiento de la obra arquitectónica.