Fragmentos

Ventanas termales
x Mario Sabugo

La Ventana Termal, salvo mejor opinión, se inventa para esas megasestructuras abovedadas que los romanos llamaban Termas, con la misión de cerrar el intersticio entre la cubierta semicilíndrica y el plano recto del muro, encima de aquellos piletones (caldarium, tepidarium, frigidarium) por los cuales el ciudadano pasaba heroicamente de lo caliente a lo tibio, y de lo tibio a lo frío. (1)
Una buena ventana termal romana es un semicírculo dividido en tres partes por medio de dos parantes, y suele estar protegida por una reja dórica. Una suerte de media luna puesta a 20 o 30 metros de altura que, al contraponer una recta baja y una curva alta, se inserta apropiadamente en la antigua cosmovisión aristotélica. (2)
Luego del apogeo imperial, la Ventana Termal ingresa en un cono de sombras. Los arquitectos bizantinos, con materiales menos confiables, no se le animan, o la sustituyen. En el medioevo occidental, cuando lo más parecido es el caleidoscópico rosetón de las catedrales, no tiene lugar en medio de las insistentes complejidades ojivales.
Cuando reaparece, naturalmente asociada a Roma y Vitruvio, acompaña la tendencia que conduciría al Neoclasicismo. El que por excelencia se ocupa de relevarla y testearla es Andrea Palladio, por lo cual la Ventana también puede ser llamada Veneciana, o directamente Palladiana. La introduce en algunas villas y sobre todo en sus grandes templos de La Serenísima, Il Redentore y San Giorgio Maggiore (a la manera en que los Canale y Buschiazzo las disponen en el lateral de La Piedad, sobre la calle Paraná). El Palladianismo prospera en Inglaterra y Lord Burlington la coloca en su Villa de Chiswick, desde luego rotonda. Luego salta a la vista en algunos tímpanos de Vanbrugh y Hawksmoor, ya descontentos del barroco y "primeros adversarios de la tradición", al decir de Kaufmann. En Francia la siguen Neufforgue, o Legrand & Molinos, hasta que la Ventana culmina en la muy termal Biblioteca de Boullée. (3)
Nuestros italianos finiseculares, de afición neoclásica, la practican con entusiasmo. Vittorio Meano en los tímpanos altos del Colón, y a muy grande escala en el basamento de su cúpula del Congreso, lo mismo que el Conde Morra en la antigua Biblioteca Nacional. Gino Aloisi la dispone en el frente de Alsina al 2400, anexo del Mercado Spinetto.

La Finestra Termale consigue incluso colarse en las combinaciones y distorsiones anticlásicas. Palanti hace dos enormes ventanas termales, tripartitas aunque estiradas por el impulso ascendente, en las cabeceras del Pasaje Barolo. En la misma cuerda, Robert Venturi expone una muy decorada por Louis Sullivan en el Farmer’s & Merchant’s Union Bank de Columbus, Wisconsin. (4)
Los modernos y tardomodernos es como que la pierden de vista. No es impertinente rastrear nuestro vano en los numerosos ejercicios abovedados del Corbusier de posguerra, en la gran escala (Haute Cour de Chandigard) o en la pequeña (La Sainte Baume, Roq et Rob, Maisons Jaoul). Pero el hombre, que tiene entre manos los ingredientes, ésto es bóvedas, muros y locales alargados, una y otra vez esquiva la abertura termal, acaso por aquello de que la fachada no es más que el corte.
Tal vez andan cerca el Louis Kahn de Dacca, o algunos Mario Botta, con sus variadas y grandilocuentes aberturas de matriz circular. El que no duda es Leo Krier, que las reproduce a rolete en su conjunto canario de Atlantis. (5)
En la inagotable textura académica de la urbe, hay una multitud. En el edificio de OSN de Callao y M. T. de Alvear, una tripartita deja libre el paño central y ciega los otros dos con esculturas. Frecuentemente quedan en mera curiosidad de fachada: ochava municipal de Diagonal Norte, pabellones de la Rural, Corrientes y Talcahuano, Lacroze y Zapiola.

Pero hay más aún. Hacia 1906, en Nueva York, MacKim, Mead & White conciben la estacion ferroviaria de Pennsylvania, con el modelo de las Termas de Caracalla. Función moderna con forma antigua, largamente criticada por revivalista. Chambers y Newbery Thomas toman el mismo partido para la ampliación de la Estación Constitución (1925- 32). Nada impide visitar este hall y paladear, en la cabecera oriental, la mayor de nuestras Ventanas Termales.

Notas
1. John B Ward Perkins, Arquitectura romana, Aguilar, Madrid, 1976.
2. T. S. Kuhn, La revolución copernicana (1957), Planeta- Agostini, Barcelona. Mario Sabugo, Giros, en Summa + 18, Bs. As., 1996.
3. Lionello Puppi, Andrea Palladio, Electa Editrice, Milano, 1977. Emil Kaufmann (1955), La Arquitectura de la Ilustración, Gili, Barcelona.
4. Robert Venturi, Complejidad y contradicción en la arquitectura (1966), Gili, Barcelona.
5. Le Corbusier, Oeuvre complete, 1946- 1952, Editions d’Architecture Zurich.

 

Revista Nº 27