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TERMINAL PORTUARIA DE YOKOHAMA
Foreign Office Architects
Por Kurt Handlbauer


   
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Japón insiste en la importancia de un marco adecuado para dar la bienvenida a sus invitados. Ya en 1994, la ciudad de Osaka veía concretarse la construcción del aeropuerto Kansai, notable proyecto de Renzo Piano, destinado a asegurar un arribo digno al país del sol naciente. Le ha llegado ahora el turno a Yokohama. A tiempo con el campeonato mundial de fútbol, la nueva terminal de catamaranes, diseñada por el estudio de arquitectos londinense Foreign Office Architects (FOA), ha dotado de una nueva puerta al mundo a la ciudad portuaria de las afueras de Tokio. Fue en 1995, cuando el proyecto conjunto de la iraní Farshid Moussan, ignota hasta el momento, y del español Alejandro Zaera-Polo, se impuso en el concurso de la terminal del puerto de Yokohama, desarrollado en un marco
de gran trascendencia internacional. Para ese entonces, era innegable en Yokohama la necesidad de adoptar medidas de reestructuración como las que se pretendían y una
nueva edificación portuaria era la pieza clave que aseguraría el miramiento internacional necesario.
Ya hacia mediados de los años 80 se había desalojado del lugar a las industrias pesadas junto con sus docks, quedando en marcha por completo el proceso de transformación de la zona portuaria en un moderno complejo comercial, de esparcimiento y recreación. El proyecto de desarrollo urbano bajo el afamado mote de Minato Mirai 21, que además le ha deparado a Yokohama el rascacielos más alto de Japón, el Landmarktower, generaría en un futuro no muy lejano 200.000 nuevos puestos de trabajo.
Sin embargo, el proyecto elegido de Foreign Office no permaneció ajeno a la polémica. La decisión de confiar la realización del proyecto a un estudio extranjero de arquitectos desató entre quienes conforman la escena de la arquitectura japonesa un fuerte debate acerca de cómo ha de verse una edificación que representa, ni más ni menos, el portal de entrada a la "Isla". Sin embargo, también despertó admiración y entusiasmo, sobre todo entre quienes otorgaron el premio y entre los miembros del jurado reunidos en torno a Toyo Ito. Yokohama se ha concebido desde siempre como una ciudad muy abierta al mundo, por ser el eje de conexión de Japón con la comunidad internacional. En este sentido, los dos arquitectos precursores del proyecto, quienes en cierto modo hicieron del nombre de su estudio una marca registrada, parecen identificarse sobre todo con la idea del Reposicionamiento. De modo que pronto se dejó atrás cualquier reparo en el sentido de que un estudio joven de este tipo podría verse superado frente a un proyecto de tal magnitud.

   
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Los arquitectos de Foreign Office no sólo hacen referencia a la realización en términos de proyecto, sino que también toman partido respecto del debate planteado. Si bien en primera instancia, dada la función que cumple la edificación, parecería evidente apostar por la alegoría o el carácter de signo de su envoltura exterior y retomar el juego de los ejes visuales, los cuales en el área del puerto se condicen con el modelo urbano de orientación occidental, la edificación niega su presencia exterior.
El paisaje de contornos artificiales, revestido en su totalidad por tablas de madera encastradas entre sí y sus tres niveles complejamente enlazados, a lo lejos apenas pueden distinguirse.
Y aun cuando la opción por este diseño pretenda desviar la atención hacia el interior de este híbrido de superficies asimétricas, queda a la vista el problema de construir una terminación lateral de la explanada a partir de la estrecha línea del basamento y adecuada a la lógica del diseño.
Una idea similar motivó a Kazuyo Sejima en su propio proyecto para el concurso. A diferencia del proyecto de FOA, la arquitecta expuso un nivel principal, pensado en sentido metafórico como una ola u onda que atraviesa un cubo, pero adaptada en su forma a la angosta línea del muelle. De esta manera se aseguraba una lectura inequívoca de la forma exterior de la estructura, así como una distribución innovadora del espacio interior, que se diferenciaba claramente de las tipologías funcionales existentes.
En la terminal de FOA, la atención ha de centrarse en el espacio de transición y enlace con el paseo portuario. Es decir, a partir de allí nacen pasarelas hacia un espacio llano abierto en su totalidad. Una explanada de acceso, levemente elevada, facilita la conexión con los medios de transferencia y conduce finalmente a través de un corredor de entrada al área de espera principal. Por los laterales se accede a la planta del estacionamiento, ubicado en el subsuelo.

   
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De este modo, las formas que parecen fundirse entre sí sólo por casualidad, son en realidad el resultado de estudios de movilidad de gran precisión acerca de los aspectos prácticos y funcionales del transporte. En este sentido, el factor movilidad se antepone al de la espera. Así, la superficie entablonada de madera machihembrada en su totalidad, que conduce desde el exterior hacia el interior de la estructura, favorece la impresión de una geometría del espacio en movimiento. Todas las funciones se van moldeando desde el suelo, transformándolo en una superficie activa. Asimismo, FOA introduce de esta manera una concepción muy japonesa; pues de hecho, una gran parte de la vida japonesa se desenvuelve sobre el suelo, flexible y fácil de modelar. La colonización natural, no forzada, de las superficies, sobre todo de la explanada superior de libre acceso, pone de manifiesto cuán arraigada se halla en Japón esta noción. Incluso el agregado de parasoles sobre tal superficie, colocados oportunamente para bien de los japoneses tan adversos al sol, no hace más que confirmar cuánto se han tenido en cuenta en el proyecto los antecedentes de la cultura japonesa.

   
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Por otro lado, el uso de tecnologías digitales ha jugado un papel importante, tanto en el proyecto inicial presentado a concurso como durante todo el proceso de planificación posterior. FOA no sólo concibe el uso de tales tecnologías como una herramienta más, sino que se vale de las nociones conceptuales propias del medio digital. El método de construcción, tomado de la ingeniería naval, como así también la concepción de la arquitectura como proceso, exigieron una herramienta que permitiera visualizar a lo largo de toda la etapa de planificación la constante evolución del bagaje de información e incorporar los cambios. FOA considera que un proceso de este tipo no tiene fin. Su punto final sólo puede ser determinado por fuerzas externas y ajenas al mismo, como sería por ejemplo una fecha tope de inauguración. En este sentido, el proceso se vuelve más importante que el objetivo final mismo. En caso de arraigarse esta noción también entre los arquitectos del Movimiento Moderno, FOA se habrá consagrado entonces como el primer estudio de arquitectos de una generación joven que se aventuró en llevar a los hechos esta concepción innovadora a través de un proyecto de tamaña magnitud.

 

Kurt Handlbauer es arquitecto de la University of Technology de Vienna y trabaja actualmente en Tokio.
Traducción: Carla Imbrogno

Fotos: Kurt Handlbauer


YOKOHAMA PORT TERMINAL
FOA. Foreign Office Architects
By Kurt Handlbauer

Japan insists on providing outstanding facilities to welcome visitors. Yokohama's turn has now arrived. Coinciding with the World Football Championship, the new terminal for catamarans, designed by the London based studio Foreign Office Architects (FOA), has provided a modern entrance to the world for the port city of Yokohama, on the outskirts of Tokyo. The joint project presented by the until then unknown iranian Farshid Moussan and spaniard Alejandro Zaera Polo, was proclaimed winner of the 1995 competition for the Yokohama terminal, which took place amidst considerable international interest. By that time, it was evident that Yokohama needed to adopt restructuring policies as had been suggested, and that a new port facility was the key factor to obtain international recognition.
The artificial contours of the building, covered entirely by imbedded wooden boards and its three levels intricately intertwined, can be only slightly perceived from afar. The wooden panel surface, entirely tongue and groove joined, which leads from the exterior into the interior of the structure, enhances the impression of geometrical space in movement. Each function is molded from the ground up, transforming it into an active surface.