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Casas / ARQUITECTURA
LEVITACIÓN SOBRE EL RÍO
Por Fernando Diez


¿Cuándo se convierte un arquitecto en una figura internacional?, quizá cuando construye fuera de su país o cuando es reconocido por las publicaciones internacionales. Ambas cosas han sucedido más o menos simultáneamente para Mathias Klotz, la publicación del número de 2G en Europa dedicado exclusivamente a él (siguiendo la monografía GG Portfolio de 1997) y el encargo de esta casa en San Isidro.

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La práctica profesional de Klotz está mucho más ligada a su vida personal que en la mayoría de los casos. Por lo pronto, llegar a su estudio es llegar a su casa. Pero no como en muchos casos donde el estudio está arriba, al costado o detrás de la casa del arquitecto. No, aquí el estudio es el living de su casa. O más bien su casa es su estudio, pues el living esta amoblado como una casa.
El ambiente de trabajo está configurado por una silenciosa presencia, arquitectos sentados a una pequeña mesa circular, que gracias a minúsculas laptop logra reunir cuatro individuos concentrados en recónditas líneas que se adivinan en sus pantallas. Otros más atrás completan una dotación cuyo número permanece impreciso como los límites del living, de pronto atravesado por un carrito que lleva alguno de los niños de Mathias y Magdalena, empujados por una también silenciosa cuidadora. Lo que no es silencioso es Klotz, que habla, de pronto vocifera por su teléfono celular mientras camina de un lado para otro.
Esta escena no es circunstancial, representa la decisión de Klotz de no permitir que su pasión por la arquitectura lo separase de su familia y del crecimiento de sus pequeños hijos. Esto también queda claro en la presentación de la conferencia a la que asistimos meses después en el Museo Nacional de Bellas Artes. La primera foto será de Magdalena, su mujer, las siguientes de sus hijos. Arquitecto, marido, padre y persona no parecen poder separase. No en el caso de Klotz , que comienza su carrera con una casa para su madre en una lejana playa despoblada, experiencia fundante de la caja, obsesión conceptual y evidente pieza compositiva que será dominante en todas sus obras, desde allí a esta parte.

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Si algo toma el primer plano en la conferencia que ofreció en Buenos Aires en octubre pasado, es que Klotz no mistifica. No pone distancia, ni argumentos, ni sugiere secretos en su obra. Todo es natural, todo está visible, todo obedece a circunstancias antes prácticas y concretas, que metafísicas o teóricas. El cliente siempre está presente, de un modo o de otro, y Klotz deja en claro la importancia de sus intervenciones, como en la Escuela, donde dio vuelta la posición del acceso, o en la casa en San Isidro, donde pidió una ventana mayor. Klotz no pone al cliente como un problema, en todo caso como un desafío y una fuente de inspiración, un socio antes que otra cosa.
Todo esto evidencia también una seguridad. Ningún tramo de la charla está dedicado a fundamentar o mistificar la obra. Tampoco a justificarla. Hay confianza en que por si sola puede exhibir suficientes méritos. Así Klotz deja ver que muchos rasgos de las obras obedecen a circunstancias, como el tardío agregado de parte del programa en la casa Muchnick (Cantagua, 2002) o a cuestiones de presupuesto, como en el caso del hotel de oficiales del ejército. Cada uno es relatado con soltura y rapidez por Klotz , haciendo lucir esa confianza, humor y apresuramiento que remarcan su juventud y el punto excepcional de aquel que a una edad relativamente temprana ha concretado una envidiable y diversificada producción arquitectónica. A los 38 años Klotz no ha desperdiciado un tiempo que corre tan rápido como la velocidad que imprime a su charla y sus inquietos movimientos.

CAJAS LEVITANTES
Craig Ellwood sobrevuela. Las barrancas de Los Ángeles, las cajas de cristal, los paneles livianos perpendiculares en las terrazas exteriores, que dan privacidad a los interiores. Pero en las casas de Klotz todo es más pesado, el acero es de grandes secciones, las superficies están revestidas en piedras, el hormigón es macizo, su espesor revelado por agujeros que penetran y exhiben la densidad de la materia.

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La figura del cantilever es posiblemente la más transitada y la más reiterada de entre todos los gestos expresivos del Movimiento Moderno. Como dijo Hermann Hertzberger: "Estoy contento con las ideas modernas: transparencia, liviandad, cantilever, pero son siempre las mismas, ¿cuánto más de esto podemos hacer?"
Pero Klotz no está tan interesado en el voladizo como en la levitación. Cajas levitantes que flotan o se apoyan unas sobre otras. El suelo queda en un segundo plano, relegado a un papel secundario, reemplazado siempre por terrazas y extensiones elevadas. Es que las casas están casi siempre en una barranca, siguiendo el conocido principio de implantación que asegura una vista ininterrumpida. Como los terrenos naturalmente tienden a ser estrechos, se plantea uno de los temas que Klotz desarrolla con más intensidad: barra perpendicular y acceso desde arriba. En la casa Reutter (Cantagua, 1998) accediendo desde arriba "el jardín son las copas de los árboles", dice.
En la casa de San Isidro la pasarela recorre largos metros para llegar a una galería sin columnas que enmarca el horizonte en el centro de la perspectiva. La barra perpendicular al paisaje es menos obvia que la paralela al paisaje. También más compleja de resolver, porque exige transformar la casa en un catalejo, efecto que se agudiza en San isidro, donde el terreno es especialmente largo y angosto, y Klotz se propone tomar el máximo de esa extensa longitudinalidad tanto como hacer foco en el horizonte del Río de la Plata, liso y perfecto como la geometría de la casa.
Aquí la levitación es máxima por dos razones: en Buenos Aires no hay sismos y Klotz se siente liberado de las mayores exigencias estructurales de sus construcciones chilenas; y porque se propuso elevar la casa hasta consubstanciarla con el horizonte.

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La actitud casi gimnástica de estos voladizos no requiere justificación. Klotz reconoce la inutilidad última de esta sobreexigencia de materiales y constructores. Pero el efecto es irresistible, y la sorpresa y la proporción de los volados desafía el ojo y el entendimiento. La caja superior de los dormitorios apoya apenas sobre una de sus caras, y está contrapesada por otra casi completamente de vidrio, el estar, que está un nivel más abajo. Todo este peso desciende por las caras interiores a un cuerpo mucho más pequeño todavía en la planta del jardín.
Estas pasarelas y terrazas que aluden a planchadas y cubiertas náuticas transforma el suelo en un jardín lejano, imaginado mar marrón sobre el que flota la casa, convertida por esta sugestión en una verdadera nave. El carácter de la pequeña escalera que desciende a las cocheras seimicubiertas confirma esta alegoría náutica. La nave no zarpa, pero está a punto de hacerlo. Al subir nos alejamos de la metrópoli y entramos en el río, la nave-casa nos sumerge en su espacialidad, intensifica su presencia y la hace dominante en cada una de sus cubiertas, inclusive desde la pileta de natación, también elevada, levitando sobre el suelo.
Por una ventana deliberadamente baja, construida en el tercio inferior de la más bella habitación del piso superior, se ve el jardín, como un plano distante, casi en movimiento, como si la nave efectivamente hubiera comenzado a desplazarse. En la planchada superior la chimenea emerge sin titubeo del centro de la terraza, reafirmando que el buque tiene caldera.
La metáfora de la nave es una metáfora moderna, que adopta aquí la de cajas levitantes, cajas que pretenden flotar sobre el suelo. Como los buques, la casa tiene su masa mayor en la parte superior, donde los puentes se proyectan hacia los costados, y la sección se afina hacia abajo hasta llegar idealmente a una línea. Quilla que corta el agua, en este caso el angosto y largo terreno de la barranca de San Isidro.

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Ficha:


MATHIAS KLOTZ, ARQ.
Casa en San Isidro

Colaborador: Pablo Riquelme
Empresa Constructora: Stieglitz SA
Ingeniería: Enzo Valladares
Gerenciamiento: Seweco. Enrique Weledniger, ing.
Ubicación: Gran Buenos Aires, Argentina
Superficie del terreno: 2000 m2
Superficie cubierta: 434 m2
Superficie semicubierta: 321 m2
Año: 2001

Fotos: Gustavo Sosa Pinilla


MEMORIA :

Esta casa en San Isidro es una vivienda familiar sobre la barranca del Río de la Plata. El terreno es extremadamente largo y angosto, con una vegetación importante en sus bordes y una amplia vista al río.
La idea rectora es mantener libre la vista desde el acceso hasta el río, de modo que la casa no divida el terreno en una parte delantera y una trasera.
El programa se desarrolla en dos volúmenes flotantes y un sótano semienterrado.
La planta principal alberga los espacios comunes, la cocina, diversas terrazas y la pileta dentro de un volumen completamente vidriado que se relaciona visualmente con el terreno en todas las direcciones. En la planta superior se ubican los dormitorios, en un volumen más cerrado y en relación con la terraza-jardín. En el semisótano se encuentra el lavadero, la sala de máquinas y las dependencias de servicio.
La casa plantea un juego volumétrico y estructural de modo que la barra maciza de los dormitorios descansa sobre un volumen de vidrio que a su vez parece flotar sobre la base rehundida de los servicios. Memoria del autor

 


A HOUSE IN SAN ISIDRO, GREATER BUENOS AIRES

From the notes by the author, architect Mathías Klotz.

This house is a family dwelling built on the banks of the Rio de la Plata. The site is extremely long and narrow, with well grown vegetation along its borders and a broad view of the river.
The governing idea is to maintain an open view from the entrance down to the river, so that the house would not divide the site into a front and a rear area.
The requirements are attended to in two floating volumes and a half sunken basement.
The main floor houses the common areas, the kitchen, various terraces and the swimming pool, within one glass enclosed volume connected visually with the landscape in all directions. The bedrooms are in the upper floor, in a more enclosed volume and in correspondence with the terrace - garden. The washing room, the machinery and service accommodation are in the half sunken basement.
Volumes and structure interplay in this house, so that the massive volume of the bedrooms rests on a glass volume, which at its turn seems to float on the half sunken service base.