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ESPACIOS RELIGIOSOS
REMANSO INTERIOR

por Alfonso Corona Martínez

Memoria de los autores

URGELL-PENEDO-URGELL
(URGELL-PENEDO-URGELL-LYNCH-PIERANTONI ARQS.)
TEMPLO Y SEDE SOCIAL PARA
LA COMUNIDAD AMIJAI
EQUIPO DE PROYECTO: Andrea López, Andrea Conte-Grand, Juliana Fullone, Mariana Di Lorenzo, Rosario Barthe Placenave, Elisa Alurralde, Enrico Santilli, Alfonso Piantini (h), Juan Pierantoni, Enrique Lynch y Augusto Penedo, arqs.
ASESORES:
ESTRUCTURAS: Alberto Fainstein, ing.
ILUMINACIÓN: Ernesto Diz
ACÚSTICA: Rafael Sánchez Quintana, ing.
CARPINTERÍAS: Estudio Gigli
PARQUIZACIÓN: Josefina Ramos Mejía
ARTISTAS PARTICIPANTES: Clorindo Testa, arq. (Árbol de Vida), Juan Zanotti (Ner Tamid
y Mezuzot), Francisco Ezcurra (Arón Hakodesh), Ariel Scornik (Puertas de Bronce), Rosana Azar (Parojet)
UBICACIÓN: Arribeños 2355, Buenos Aires
SUPERFICIE CUBIERTA: 2260 m2
SUPERFICIE DEL TERRENO: 2685 m2
AÑO: 2003

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Un primer edificio entre medianeras, sobre la línea municipal, resuelve los aspectos más mundanos del programa, resguardando en la intimidad de un espacio ajardinado el curvilíneo volumen del templo.

El edificio del templo mismo está escondido, lejos de la calle. Sobre ésta, observamos una edificación en dos plantas, razonablemente corbusierana en su figuración poco ostentosa; convencionalmente moderna diríamos en estos principios del siglo XXI.
Atravesado el espesor de este cuerpo que cruza el terreno de lado a lado, sorteando unos poco evidentes locales de seguridad, quedamos en una suerte de galería transversal paralela a la calle, que se abre sobre un jardín formal
y geométricamente elaborado. A nuestra izquierda, una caja de cristal contiene un oratorio. Pero, sin duda, lo interesante es el templo mismo, que ahora se nos aparece como cierre del patio, si es que las formas curvas y continuas "cierran" los jardines, o debemos mejor decir que están contenidas por ellos.

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En este caso, el cuerpo de planta oval que contemplamos es demasiado grande (si nuestro prototipo oculto es San Pietro in Montorio), y como cierre es insuficiente, porque el jardín continúa a uno y otro lado de esa forma, una superficie de hormigón extremadamente liso y bien terminado. Hay una gran puerta simbólicamente trabajada en el centro; sin duda, esa será la entrada del templo.
Tomaremos luego conocimiento de que esa coexistencia de arquitectura y naturaleza forma parte del programa religioso, y desde la sala misma reencontraremos los jardines laterales que a través de una estudiada transparencia participan del límite del espacio interior. Completando la simbología, a la derecha del jardín, una escultura de Clorindo Testa que representa el árbol de la vida atrae la mirada.

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No usaremos hoy la entrada principal del templo, porque vamos a un concierto: el templo es también un excelente auditorio. En lugar de entrar ceremonialmente sobre el eje, por lo tanto, nos deslizaremos por uno de los laterales, donde esa envolvente gris y pulida se corta dejando a uno y otro lado una especie de grieta de toda la altura.
Al entrar quedará a nuestras espaldas esa primera parte del templo, excluida por una pared deslizable de madera, y se nos presentará como una totalidad autónoma la sala del templo. Al frente, el cierre simbólico es un muro de piedra que deja por detrás esos espacios de apoyo. Sobre los laterales, los muros se inclinan convergentes sobre nosotros, hacia un cielo raso calado de evidente función acústica. Los laterales están revestidos en madera, sobre un zócalo de piedra; en parte, son transparentes, permitiendo esa presencia de lo natural que arriba mencionamos. Así como la forma general es dinámica, los recortes de esos laterales repiten el dinamismo del exterior.

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La sensación que produce este espacio es de una notable armonía. Normalmente, los edificios "no convencionales" agotan la creatividad de sus proyectistas en la idea general y no resisten una mirada atenta sobre su materialización. No es el caso de este auditorio; la mirada crítica busca los errores; los recortes, los ensambles, las torpezas, las soluciones de apuro o de compromiso; no es fácil encontrarlos. Aquí el diálogo totalidad-partes-ensamble nunca es interrumpido por incongruencias.
Es posible ejercer el profesionalismo en edificios atípicos, esta es la primera conclusión que se extrae del templo.

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Desde la galería, que es un primer espacio de transición entre la calle y el jardín, se alza una escalera que perfora el prismático volumen de la administración. A partir de este acceso central, se organizan una serie de aulas
y pequeñas salas de reunión, hacia el jardín; y de oficinas y otras dependencias más privadas, hacia la calle.
En la planta baja, detrás del muro de la escalera, hay un bar; y, avanzando sobre el jardín, "una caja de cristal contiene un oratorio". En la terraza, hay una cancha deportiva y un depósito.

No hay, desde la intención, número mágico u oculto misterio que regule las proporciones y relaciones de la forma en este sinuoso volumen de hormigón. Quizás ese número o esa clave exista detrás de la conciencia de quienes durante largos meses fuimos dando forma a los trozos de cartón, a los dibujos que fueron concretando esta leve caparazón.
Resultado de una combinación de voluntades creativas, de deseos que quedan rondando el subconsciente de algunos de nosotros... probablemente haya una relación numérico-simbólica que por encima de torpes y ciegos intentos, haya guiado nuestras manos e intenciones hacia el objeto ahora visible.
De cualquier manera, nos restringimos a intentar una forma que, casi instintivamente, cobijara, protegiera, reuniera. Habría que buscar qué formas ancestrales, tras qué objetivos difusos y eternos, se encuentran en las raíces de la historia y la memoria... en todo caso, preferimos dejar sin explicación racional algo que seguramente no ha de tenerla.
Animándonos a torcer la piedra-hormigón, refugiándonos en la calidez de la madera, intentando espacios interiores y exteriores que multipliquen las experiencias visuales. Sin las ataduras de las geometrías sagradas, haciendo uso de una libertad expresiva que entendimos lícita y posible, hemos intentado a cada paso dar forma al espacio adecuado para el vínculo con lo divino.