ELEMENTOS DE LO PUBLICO


 

ELEMENTOS DE LO PUBLICO

POSIBILIDADES ASOCIATIVAS Y PERFORMÁTICAS DE LA ARQUITECTURA, A TRAVÉS DE DOS OBRAS DEL ESTUDIO COLOMBIANO PLAN B por Martín Di Peco

¿Cual es el rol de la arquitectura en la conformación del espacio público? ¿hay lugar más allá de la disciplina edilicia para aproximaciones más sutiles a la construcción de lo colectivo? ¿es siempre necesario el edificio como condensador social?

En noviembre de 2000 se organizó en Medellín la feria EPM. Si bien era pleno verano colombiano, la salida dejaba helados a sus visitantes. Es que debían caminar por un corredor enmarcado por dos muroshechos de hielo y un espejo que prolongaba su efecto visual. “Hicimos construir bloques de hielo, como ladrillos, que permitieran armar paredessustentadas por una estructura de metal anclada al suelo, y aislada con neopreno.Algo sencillo, pero que captaba luz de un modo
muy preciso, dejaba pasar el aire, para acelerar el derretimiento y el cambio de temperatura del aire. Queríamos pasar de las formas al desgaste y a los charcos de agua.... las personas pisaban los charcos, se reflejaban en ellos y en los espejos, y la temperatura bajaba varios grados centígrados. Armamos las paredes tres veces por la mañana, y a las 4 de la tarde, ya estaban derretidas y destruidas” [1]
Haciendo prevalecer el efecto generado y el cambio percibido por sobre la presencia de lo construido, Plan B congela la duración de la obra. A pesar de hacerle cumplir un rol efímero, el edificio perdura en el recuerdo del acontecimiento. Singulariza un espacio haciendo irrumpir una novedad en el sitio, impregnándolo en la memoria colectiva.
Porque algo nuevo ha sucedido, ese lugar ya no es el mismo a pesar de que ninguna construcción quede en pié allí. El pasaje de lo permanente a lo transitorio a través de situaciones que construyen un ambiente pasajero da lugar a la aparición del evento
como objeto arquitectónico, y el edificio pierde su rol protagónico. “Arquitectura
en hielo” introduce los protocolos del teatro en el campo de la arquitectura, en el sentido en que el edificio “actua”, hace algo, se
modifica dramáticamente en un lapso muy breve: desaparece, se derrite en pocas horas en un espectáculo performático. “Hay en
consecuencia tiempos, duraciones en acción en o ante esos objetos a los que se supone instantáneamente reconocibles [unos bloques de hielo apilados] hay relaciones de puestas en presencia recíproca, hay por lo tanto sujetos que otorgan a los objetos (...) una garantía de existencia y eficacia. Se trata aquí de la relación entre el objeto y su lugar (...) en tanto encuentro de objetos y sujetos. [2] Es este encuentro sorpresivo de feriantes y bloques de hielo a la salida de una exposición lo que da sentido a la obra, lo que explica su razón de ser, su “aquí y ahora”. Participando como profesores en un curso de vacaciones en Medellín, los Plan B diseñaron el proyecto - experiencia “arquitectura en combustión” para darle inicio. La cuadrilla de construcción se organizó entre los mismos estudiantes y profesores. Entre todos cortaron ramas y las transportaron hasta la cancha de arenilla de la universidad; cavaron unas zanjas para fundar estas estacas, ramas de madera cruda de pino, armando dos contornos con un “interior”. Luego de unas charlas dictadas por el profesor invitado Carlos Mesa, tituladas “Arquitectura de aire”, se pasó en horas de la tarde a la quema de los perímetros de madera. En esta performance colectiva, no es ya solo el edificio el que “actúa” (se derrite / se quema) sino que toda la comunidad que le dio forma y luego lo destruye interviene en el “guión”. “Hace falta producir una corriente de aire entre el espacio real y el ficticio. Este último va
creciendo desde el interior, y no se debe intentar someterlo a un orden arquitectónico, sino que hay que dejarlo flotar en un estado de fusión en medio de la realidad. Se trata de generar un espacio como fluido, en el que sucedan incesantemente movimientos de ida y vuelta entre la ficción y la realidad. [3] La acción se ubica justamente, en medio de, a través de un objeto que produce al mismo tiempo una experiencia “real” y “estética” ¿De que otra forma se puede estar más involucrado en la arquitectura (no adentro o afuera, sino en medio de), que envuelto en la construcción y consumición de ella misma?
“Este proyecto es un proceso abierto e inestable, reflexivo y arquitectónico; a medio camino entre la fogata y la choza. Empieza con el crecimiento de algunos árboles. Las ramas caídas o cortadas son afiladas y clavadas en la tierra, son utilizadas como material de construcción para elaborar dos perímetros de troncos. Se genera así un recinto que permite reuniones diurnas y lecturas. Debido a su geometría estos contornos concentran actividad en su interior y conducen el paso en su exterior. Con este proyecto queremos entender la arquitecturacomo acontecimiento y como proceso. Como amplificación de situaciones específicas, en este caso, la del esgaste, la transformación y la oscuridad. Nos interesa hacer perceptibles la noche por medio de las llamas, y la transformación a través de la madera, del humo, las cenizas, el sonido, el fuego y el carbón. Pasar del material al gasto y uso, y de las formas al aire; involucrando la reunión y el paso de las personas, sus palabras y gestos, por medio de eventos variados. Entendemos el fuego como destructor y devastador, como acelerador de procesos y generador de nuevas etapas pero también como reunión y festín.” [4] Mientras que “arquitectura en hielo” hace actuar al conjunto librándolo a su suerte, dejándolo que se derrita, “arquitectura en combustión” avanza en el esquema de edificio (objeto) performador y público (sujeto) espectador, ya que la construcción/ destrucción de la cosa pública es compartida e inducida. La performance pasa a ser colectiva, ambas partes interactúan, dando lugar a la pregunta sobre cual es el objeto público: ¿es la doble hilera de troncos clavados en la arena, con un interior vemente sugerido?; ¿ o es la construcción y posterior destrucción colectiva de ese objeto, que inaugura una fiesta? Tal vez la pregunta pueda ser ¿cuándo hay espacio público? En ese caso podríamos hablar de ocasiones públicas, más que de espacio público, idealmente infinito. El espacio puede estar ahí disponible, pero hace falta “fabricar” una experiencia en el tiempo para que devenga realmente público. En estas obras la arquitectura aparece como infraestructura que da lugar a que suceda lo público, como una serie de dispositivos a través de los cuales se re-inventa la presencia de un sitio, “devolviendo a la arquitectura el rol de dar forma a la vida social y cultural” [5] a través de conectar emplazamientos, recursos naturales, instituciones. “Estas relaciones determinan en un sentido puramente pragmático lo que uno puede llamar “las capacidades” de la obra, o sea, lo que es capaz de afectar, transformar o hacer” [6]
Paradójicamente, las capacidades y el alcance de estas obras fugaces exceden el gesto instantáneo, superan lo efímero de la acción justamente porque su carácter volátil permite quebrar el “flujo profuso y orgánico en el que las cosas se dan, para aislar instantes en un campo ‘discreto’, como secciones proyectadas”. [7] Aquí la arquitectura actúa provocando un cambio, introduciendo una novedad. Al sustraernos del continuo discurrir del tiempo, podemos aislar instantes con límites identificables, como fragmentos diseñados. Y es que no solo de bloques de hielo y troncos están hechas las obras de planB, sino que también, y fundamentalmente, están hechas de tiempo. Tiempo en su sentido fenomenológico pero también como eslabones de cotidianeidad: “entendemos la arquitectura como una amplificación de situaciones concretas, como una técnicaafectiva, que hace perceptible con más énfasis los hechos cotidianos o paradigmáticos de nuestro transcurrir” [8] La arquitectura de plan b re-significa su lugar, lo carga de sentido colectivo, señalándolo a través de acciones performáticas. “Arquitectura en combustión” y “arquitectura en hielo” critican el rol tradicional de la arquitectura en la configuración del espacio público y el del estado como único responsable en la tarea de dar forma a lo colectivo. En ellas el “edificio” no es solo un contenedor que aloja programas o funciones con cierto alcance público; al dejar su lugar central para volverse un momento más de una cadena de sucesos e implicaciones,
su construcción funciona como una gran excusa para que suceda lo público. Estas obras de Plan b vuelven visibles las redes sociales, productivas e institucionales que posibilitan la creación (y destrucción) de un doble objeto público: el edificio efímero y los procesos que le dan forma.

NOTAS
[1] Bernal, Alejandro y Mesa, Felipe. Plan:b – Acuerdos parciales, Mesa editores, Medellín, 2006. (www.planbarquitectura.com - juanfelipemateo@hotmail.com)
[2] Didi-Huberman, Georges. Lo que vemos, lo que nos mira. Manatial, Buenos Aires, 1997.
[3] Ito, Toyo. “Una arquitectura que pide un cuerpo androide” en Escritos, Colegio oficial de aparejadores y arquitectos técnicos,
Murcia, 2000.
[4] Bernal, Alejandro y Mesa, Felipe, ob. cit.
[5] Kwinter, Sanford. Architectures of time, MIT Press, Boston, 2002.
[6] Kwinter, Sanford, ob. cit.
[7] Kwinter, Sanford, ob. cit.
[8] Bernal, Alejandro y Mesa, Felipe, ob. cit.