Los
lugares de veraneo o de vacación encarnan un dilema cada vez más
tenso. La tensión entre libertad para divertirse o descansar, y la necesidad
de pautar el tiempo y las actividades para garantizar esta diversión conviven
sin solución en los nuevos lugares que estamos construyendo. El
término dream home (casa de ensueño) se ha transformado casi en
cliché. El concepto de comunidad ideal, sin embargo, es totalmente ignorado.
Nos obsesionamos en decidir si la casa será moderna o tradicional, cuántos
baños tendrá, o donde se ubicará el plasma. Mientras tanto,
muy poca reflexión se le dedica a la comunidad. Los inmobiliarios nos dicen
que hay tres cosas para buscar al elegir la casa: ubicación, ubicación,
ubicación. Las casas siempre se pueden reformar o agrandar, pero los atributos
de la comunidad alrededor de la casa están en su mayoría más
allá del control individual. Por lo tanto, tenemos que pensar en el contexto
más amplio de la comunidad antes de pensar en cualquier casa en particular
dentro de ella
La tradición histórica de la comunidad ideal
es que es planeada, el resultado de la visión de alguien y no el producto
de la evolución natural de patrones acumulativos de asentamiento
Richard Sexton [1] Avanzamos en dos direcciones opuestas. Por un lado la búsqueda
de tiempo libre es cada vez más fuerte. Sentimos que tenemos el derecho
de hacer lo que queramos con este tiempo que nos cuesta tanto separar y aislar.
Por otro, la oferta de tiempo libre se estructura y tipifica en productos cada
vez más similares; nos sentimos obligados a consumir ciertos formatos de
diversión que ya vienen prefigurados. En ellos somos libres para hacer
una creciente cantidad de actividades tan pautadas, que terminan transformándose
en tareas y nos atan. Aparecen canchas, horarios, equipos, instructores y reglas
para todo. Los tradicionales grupos familiares, del abuelo a la nieta pasando
las horas en actividades sin mucha pauta, se reemplazan por grupos homogéneos
de edad y sexo concurriendo a lugares muy definidos a hacer cosas muy precisas.
Falta la libertad de la feliz incertidumbre, de la mezcla, del hallazgo inesperado,
de la presencia de extraños distintos a nosotros. Del aburrimiento. Personalmente
creo que estos lugares que estamos creando están aniquilando la otra libertad:
la del encuentro fortuito, las mezclas, las agradables situaciones inesperadas. También
estamos perdiendo el aprecio por los lugares donde nos solíamos juntar.
La calle, la plaza. Los espacios públicos se reemplazan por amplios
espacios que siempre son verdes, pero no siempre nos juntan. No sabemos ¿o
no queremos? construir nuevos lugares de encuentro. Una caracteristica
clave de la interaccion social, elucidada originalmente por Jane Jacobs ayuda
a clarificar hasta que punto el entorno construido puede influir la interaccion
social. La gente interactua a dos niveles, uno casual o informal, y otro íntimo.
La interaccion
casual es la que usted tendria con el propietario de la tienda de la esquina,
un vecino, o el cartero. Se pueden conocer entre ustedes por años, pero
no pensar nunca en comer juntos. Nadie se siente menospreciado porque su interaccion
siempre fue informal. Richard Sexton [2] ¿Y la naturaleza? Junto
con la idea de tener tiempo libre y de actividades recreativas, la búsqueda
de proximidad con la naturaleza es el componente más fuerte de la mayoría
de estos desarrollos. Pero las más de las veces, la naturaleza que forma
parte de estos sitios es tan artificial como las botellas de bebidas energizantes
que bebemos durante nuestros pautados ejercicios. Está domada, fertilizada,
exterminada la indeseable, sembrada, y últimamente más
que nunca, alambrada. Atrás quedaron los médanos desiertos, los
alrededores semirrurales de los pueblos serranos, los caminos de campo con su
promesa de trayecto de final incierto. La sombra del árbol al costado del
estanque, con la promesa de no hacer nada. Las caminatas sin rumbo, los picnics
en lugares cualesquiera. Pocas veces en estos lugares nos encontramos con la
naturaleza y la noción de tiempo que ella encarna tal como
es. Es cierto que la creciente conciencia ecológica y la búsqueda
de mayor autenticidad de la experiencia han atenuado esta tendencia en los últimos
tiempos. Pero aún estamos indecisos. Vamos a estos lugares los de
última generación, ahora más naturales y preservados
con más equipo, con vehículos más potentes y pesados, consumiendo
más recursos y contaminando más que nunca. Pocos se acercan a la
naturaleza tan sólo a mirarla, escucharla, olerla, quizás, por que
no, a padecerla. Los tiempos de la naturaleza también necesitan ser
atendidos y entendidos, hoy más que nunca ante la inminencia de que padezcamos
las consecuencias de no haberlos considerado. La naturaleza esta intentando
con mucha fuerza que tengamos éxito, pero la naturaleza no depende de nosotros.
Nosotros no somos el único experimento, dice Buckminster Fuller.
Los proyectos que se presentan en este artículo intentan encarnar otras
visiones de desarrollo para el tiempo libre. Tienen en común una esperanza
de poder ser disfrutados por muchos, una confianza en el valor de producir experiencias
menos pautadas, una vocación de transformarse en lugares con esencia. Son
proyectos que intentan producir una totalidad que supere la suma de las partes.
Las calles estructuran la circulación al mismo tiempo que configuran
paisajes con identidad. El sistema de circulación es más abierto,
y uno puede recorrerlo en varios sentidos y disfrutar los recorridos como paisaje
en si mismo, sin temor de terminar siempre en el mismo lugar. Los espacios libres
no son solo vistas o reservas verdes, sino que se desarrollan
en secuencias y escalas desde pequeñas plazoletas hasta reservas | regionales,
y los pueden recorrer tanto sus propietarios como los eventuales visitantes. Los
equipamientos deportivos si los hay refuerzan el espíritu del
emprendimiento pero no son la única garantía de valor final, sino
un componente más del programa. Cada sector tiene identidad por sí
mismo, y ésta se define en relación con la topografía. El
paisaje existente, que no es genérico sino especifico, un lugar que existía
antes de que el desarrollo se realizara, y seguirá existiendo. Los edificios,
no importa de qué escala y función, no pretenden ser monumentos a
un estilo exclusivo de vida ni ocasiones para el lucimiento de un arquitecto o
del eventual dueño, sino que aceptan ser parte de un conjunto mayor:
una calle, un espacio urbano, un simple grupo de casas. Se proponen usos complementarios
a la vivienda y la recreación, pero no se los zonifica completamente
por separado, sino que se busca integrarlos a la vida de los habitantes, y ubicarlos
de modo que no haya que usar el auto para cualquier compra mínima. En
un extremo, Monte Hermoso del Este es una verdadera extensión de la ciudad
de Monte Hermoso, y acepta su condición de lugar urbano, continuando los
patrones de crecimiento de la ciudad con una vocación de mayor respeto
al paisaje y de representar nuevos estilos de vida. A diferencia de otros emprendimientos
recientes, acepta las reglas de juego de un lugar de veraneo donde las ceremonias
sociales son tan importantes como el contacto con el sol, la arena y la sal y
otras actividades al aire libre. En el otro extremo, los Huemules es un verdadero
experimento: la fundación de una pequeña comunidad que se establece
para disfrutar y custodiar simultáneamente un gran santuario natural que
sus dueños consideran debe ser conservado para las generaciones. La Naturaleza
reina aquí, indiscutida. LOS
HUEMULES La frontera salvaje de la Patagonia sur se retira día a
día, empujada por nuevas oleadas de turistas que son volcados en números
crecientes sobre sus hitos más característicos. Glaciares, lagos,
montañas, bosques, flora y fauna autóctonas, todos ellos son
magníficos en la soledad, pero frágiles ante las multitudes y el
abuso. En el afán por estar cerca de estos fenómenos únicos
en el mundo, terminamos alejándolos, destruyéndolos en su esencia.
Esta claro que no podemos al mismo tiempo respetar la naturaleza y abusar de ella
a nuestro albedrío. Tampoco podremos entonces desarrollar muchas de las
actividades más comunes en estos días, las que muchas veces terminan
agotando el recurso que nos permite realizarlas y otras veces comprometen la supervivencia
de fauna y flora en su derredor. No se puede preservar especies recorriendo un
bosque primigenio en un cuatriciclo. La manera de acercarse a un lugar así
es con el máximo respeto por su delicado equilibrio, que está hecho
de numerosos mecanismos de adaptación, de relaciones precisas entre clima,
vegetación, fauna, cursos de agua, topografía. Mecanismos tan preciosos
como fáciles de romper de modo irreversible. Si realmente valoramos
esto, hay que aceptar ciertas reglas. Mas aun, nuestro goce del tiempo en estos
lugares debe consistir en disfrutar serenamente de todo esto: a veces la contemplación,
otras el silencio, tantas otras la inhóspita brutalidad de su clima
y su topografía. Esto, paradójicamente, es liberador. Cuando uno
va a un lugar con menos expectativas, el lugar entrega más de sí.
En caso de que necesitáramos desarrollar una parte de esta naturaleza que
nos es dada en custodia a fin de garantizar que el resto pueda ser conservado,
debemos hacerlo con el menor impacto posible. Estas premisas de respeto y adaptación
son el núcleo de la visión que llevó a fundar Cielos Patagónicos
hace casi diez años. La sociedad, formada por un grupo de amigos con
una visión en común, adquirió distintas propiedades en
la provincia de Santa Cruz con la idea de generar lugares y experiencias genuinamente patagónicos:
la inmensidad del cambiante paisaje, sus variados colores y texturas, el clima
extremo, la distancia sin horizonte, sus valores a preservar. Como son la soledad
y la solidaridad, extraños aliados que conviven en las estancias y los
parajes patagónicos. Territorio grandioso, vacío, sufrido y optimista,
como una contracara de la experiencia diaria de muchedumbres sin reserva anímica.
Vivir y sobrevivir en el sur Patagónico son casi sinónimos. Aun
los que llegan a este lugar con más recursos y equipos, saben que las
máquinas se rompen, los hombres y los animales se cansan, el clima agota
al más resistente. Por esto, adaptarse es más sabio que imponerse.
Ayudarse es más efectivo que intentarlo solo. El proyecto de Los Huemules
encarna ese tipo de aspiraciones respecto a nuestra relación con la
naturaleza y nuestro uso del tiempo libre. Los propietarios se transforman así
en custodios del bien común. El negocio inmobiliario pone en valor los
recursos naturales que deberían haber estado custodiados. Las áreas
designadas para parcelas se ubican en las zonas del campo que han recibido el
mayor impacto humano. Las intervenciones permitidas se han reducido al mínimo.
No hay cercos, jardines, césped cortado o parques con especies exóticas.
Formar parte de la comunidad de los Huemules exige una profunda adaptación.
Se trata no solo de aceptar reglas de convivencia o reglamentos de construcción,
sino también de colaborar para garantizar que el espíritu del emprendimiento
se perciba como un valor agregado y no como una limitante.
NOTAS [1]
y [2] Richard Sexton, Introducción a Parallel Utopias, The Quest for
Community: Sea Ranch and Seaside
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