Arquitectura: Crítica Y Nueva Época
Mezcla de autobiografía y mirada general sobre el estado del arte, el libro que Enrique Browne acaba de presentar en Santiago, Chile, es un razonado balance de su carrera profesional que resulta estimulante por más de una razón. La primera surge de la confianza y frontalidad con que Browne desnuda sus pensamientos, transmitiendo ese sentido de cristalina autenticidad que Luis Fernández-Galiano señala en el prólogo. La segunda es el profundo humanismo que trasuntan sus reflexiones, enlazando el desarrollo de la profesión con las cuestiones centrales que signan nuestro tiempo, como los cambios tecnológicos, la transformaciones sociales asociadas al nuevo estatus de la comunicación, y la encrucijada planteada por los problemas ambientales, desde el cambio climático a las consecuencias culturales y sociales que esos cambios anticipan. Este último aspecto ocupa un lugar importante en las reflexiones de Browne, que analiza, al mismo tiempo, aspectos técnicos y estadísticos tanto como las cuestiones culturales y sociales en que la arquitectura y el urbanismo se desenvuelven. Una reflexión que no es casual, porque desde las propias características de su obra, y desde muy temprano, Browne desarrolló una sensibilidad tanto estética como técnica, intentando reconciliar naturaleza y arquitectura mediante la incorporación de la vegetación a la construcción, no solo como un recurso estético, sino como un regulador térmico. Puede decirse que en esta cuestión fue un pionero, para nuestra región y también globalmente. Sus trabajos fueron de los más interesantes en este aspecto, adelantándose a una problemática a la que la mayoría solo prestaría atención mucho después. Enrique no necesita justificarse en este sentido. Si los razonamientos comparativos sirven para poner en perspectiva su obra construida, marcando la antelación y calidad de su trabajo, también ayudan a trazar diferencias sutiles pero importantes, que son útiles para capitalizar esta experiencia en una dirección que contribuye de una manera más decidida a señalar el camino de una ocupación sustentable del territorio. Fernando Diez





















































