| Clorindo Testa: el libro |
Testa, Pintor, Clorindo, Arquitecto
x Fernando DiezTesta, Pintor, Clorindo, Arquitecto. No importa en qué orden pongamos estas cuatro palabras, nunca parecen suficientes para abarcar la personalidad que encarna Clorindo Testa, el artista. Es que pintor y arquitecto son una misma persona, las mismas manos sobre el mismo bloc de 50 por 70 centímetros de papel obra, el mismo lápiz impaciente por reinventar la forma y el color. En ese lugar comienzan todas sus invenciones, no importa el destino que tengan: cuadros, esculturas, edificios. Más bien diría que allí transcurre el tiempo testiano, en el inquieto movimiento de los marcadores de colores, capaces de producir indistintamente un cuadro o un plano urbanístico.
Conociendo su vasta obra arquitectónica, cualquiera se preguntaría cuándo se dedicó a la pintura. La respuesta es, al mismo tiempo. Desde 1952 se suceden incesantemente sus obras y exposiciones.
Es raro que alguien pueda destacarse tan contundentemente en dos campos hoy aparentemente distanciados. En una época de obsesiva especialización, Clorindo Testa es una excepción que antepone la voluntad y la pasión creativas a las habilidades propias de cada disciplina o a los vanos virtuosismos técnicos.
Tras casi un año seleccionando el material de Testa para la edición del libro que Summa+ presenta simultáneamente con esta muestra, creo percibir la raíz común de su pensamiento plástico, el dibujo, punto de contacto entre arquitecto, escultor y pintor. Son esos bocetos los que después se convertirán en obras de naturaleza diversa, esculturas de madera y papel, cuadros en aerosol, maquetas, edificios, ciudades, todo comienza en el dibujo testiano, una manera profundamente autoexpresiva y autoindagatoria de bocetos sucesivos. A través de sus lápices, Testa explora su propio interior, hasta cristalizar en una íntima resonancia que se adivina en un súbito entusiasmo que el artista no se molesta en ocultar. Al menos así se me apareció a mí la concepción de esta muestra, cuando Testa, primero desanimado y dubitativo ante nuestra insistencia, descubre de golpe su propia e íntima voluntad: una instalación gigante en la forma de una mesa lineal continua, que atravesará por cuarenta metros toda la sala, soportando sobre sí la sucesión desordenada de sus trabajos anteriores, instalaciones, maquetas, planos, borradores. Su explicación verbal se vuelve dibujada tras el primer minuto, y un boceto tras de otro darán forma al concepto: una instalación de instalaciones. A su alrededor, imagina los cuadros mitad colgados, mitad apoyados sobre las paredes, en el clima provisorio del ensayo que precede a un estreno. Una suerte de inacabado miguelanesco, de provisionalidad deliberada, recurrente en la obra de Testa, que evita la prolijidad superflua o una perfección irrelevante, que pudieran distraernos de su invocaciones esenciales.
Esta restrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes, coincidente con la edición de la primera compilación importante de la obra de Testa, constituye una oportunidad inédita de apreciar la doble dimensión de su obra, ya que muchos de sus edificios se encuentran en Buenos Aires y son de libre acceso, como el Buenos Aires Design y el Centro Cultural Recoleta, o la Biblioteca Nacional, visibles desde la misma escalinata del Museo.