| Clorindo Testa: Pintor y Arquitecto |
El Libro y la Muestra en el MNBA
x Jorge GlusbergQuince años después de la primera, aparece la segunda edición de Clorindo Testa, pintor y arquitecto, corregida y -es obvio- aumentada, porque en esta década y media se sumaron a su acervo nuevas obras y nuevos proyectos.
No es este, pues, otro libro: es la continuidad obligada y necesaria del libro de 1983. De igual modo, las nuevas realizaciones e iniciativas de Testa en el campo del arte y la arquitectura, aquí examinadas, son una continuidad de su producción anterior, según se advierte en los diseños del complejo balneario-recreativo de La Perla, la Plaza del Pilar o el Centro Comunitario de la Sociedad Hebraica Argentina, así como en las series pictóricas, muestras e instalaciones que expuso en los últimos once años.
Continuidad estética y, a la vez, social, según debe serlo en todo arquitecto y en todo artista. Pero, también, continuidad de vida y creación, devenida, en el caso de Testa, en una especie de autobiografía, quizás impremeditada y, sin embargo, latente, perceptible.
Para Testa, lo sabemos, la alternancia entre arte y arquitectura no es tal, ya que a menudo hace arte en arquitectura y hace arquitectura en arte. Es el tránsito inventivo y constante por un territorio único, indiviso, común, propio. Así, en su conciencia imaginativa, las representaciones arquitectónicas y las artísticas ocupan el mismo lugar, de manera sucesiva pero también simultánea.
Sus más recientes muestras de arte responden a un programa y adoptan un partido, como si se tratara de una obra de arquitectura. Por otra parte, la presencia del artista es evidente y notoria en las formas y los detalles de La Perla, la Plaza del Pilar y Soka Gakkai, entre otras realizaciones arquitectónicas de la última década. Si "el nombre es arquetipo de la cosa" -según el poema de Borges en el que metaforiza acerca de la sentencia de Platón en el Cratilo-, la obra de Clorindo Testa es el arquetipo de su mundo de edificios y de pinturas.
La presentación del libro -editado por Summa+-, coincide con esta muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Desde Mediciones (1972), las muestras individuales de Testa son, por así decirlo, temáticas y predeterminadas; no expone lo que ha creado en los últimos tiempos sino crea lo que ha de exhibir en fechas venideras. Por eso hablamos de "series": en rigor, son "capítulos" de la autobiografía que viene articulando.
Y aun aquellas obras que aporta a las muestras colectivas se insertan en la misma narración, como los Graffittis españoles (1986), el Gliptodonte (1988), El Espejito Dorado (1990), La fiebre amarilla (1991) y Explosión (1992). Esta modalidad de trabajo, tan cercana a la del arquitecto -quien diseña a partir de un programa-, no hace sino confirmar la teoría aquí desarrollada acerca del carácter autobiográfico de la obra de Testa, relator y relatado.
A fines de 1993, en el Museo de Arte Striped House, de Tokio, el Grupo CAYC (Luis Benedit, Jacques Bedel, Víctor Grippo, Alfredo Portillos, Clorindo Testa y el autor de esta nota) presentó una exhibición conjunta, "América en Oriente". El aporte de Testa incluyó una serie de dibujos que son una variante, al menos formal, de Mediciones.
Estos dibujos, llevados a grandes pinturas y acrecentados en número, formaron su muestra Repeticiones sobre un mismo tema, expuesta en Buenos Aires, en agosto-setiembre de 1994, en coincidencia con una importante retrospectiva de su obra exhibida en el Museo de Arte de Santiago de Chile.
Los títulos de Repeticiones no necesitan comentario: "Aquí estoy", "Estoy riendo", "Estoy llorando", "Estoy pensando", "Estoy dormido", "Estoy vivo", "Estoy muerto", "Ab Infinitum". La serie se completa con el díptico "Esta es mi casa", representación de un techo modesto, casi inexistente, sobre el cual se apoyan, inclinadas sobre la pared de la galería, unas estacas de madera que descansan en el piso.
En las demás imágenes, aparece un mismo rostro humano visto de perfil, que ocupa la parte inferior de la tela y de cuya boca salen las palabras de cada título. Pero no sólo es un mismo rostro: todos sus gestos, todas sus actitudes, son similares, como si ni hubiese diferencias entre unos y otras, como si el hombre fuese igual en cada una de esas manifestaciones personales, en el mundo entero.
Y, a la verdad, lo es desde la cuna hasta la tumba, "desde el infinito" (título de una de las pinturas), mediado por su casa, que expresa su ser y lo contiene, tal como supuso Bachelard y como quiso Noel Arnaud, el poeta: "Soy el espacio donde estoy".
Y el espacio en donde Testa está riendo, llorando, viviendo y muriendo, bajo el techo sostenido por unas estacas de madera la más sencilla morada del hombre-, es el espacio del artista y el arquitecto en el tiempo autobiográfico en que se construye a sí mismo y construye a/para todos los seres humanos de este mundo, el suyo.
Tiempo autobiográfico que no puede ser desasido del tiempo del mundo, sobre el cual alertaba Testa, con desenfadado sarcasmo, en las telas y dibujos sobre papel de Hacia un futuro mejor, su muestra de marzo-abril de 1998, una especie de vuelta de tuerca a la imaginería de Repeticiones.
Sin embargo, Testa siempre tiene más para decir acerca de él, por que cuanto dice -obras de arte y de arquitectura- es dicho para el hombre, el hombre de carne y hueso, desde luego.
En una entrevista de prensa, a comienzos de 1994, Testa dió dos respuestas que merecen ser transcriptas: "Uno siempre elige lo que hace. Pude quedarme en Europa a trabajar y no lo hice. Con los años me di cuenta de que quise dejar pasar la oportunidad".
"El arquitecto en el estudio, a la espera del cliente, es una imagen que no va más. Pero tampoco creo que haya que convertirse en empresario. Uno es arquitecto. Claro, hay que decidirse a serlo". Es indudable que Clorindo Testa tomó esa decisión. Y también la de ser artista.